miércoles, 6 de diciembre de 2006

Las malcogidas... Segunda parte

A las malcogidas les gustan las cosas chiquitas, todo es chiquito para ellas (préstenme atención, les estoy hablando), y casi simpre les da por la filantropía y por ayudar a los niños pobre y descapacitados (¿ya cooperaron con el Teletón, bola de méndigos?), como si hubiera un vínculo invisible entre malcoger y ayudar a los niños.

Las malcogidas hacen la vida miserable de quienes las rodean, sobre todo si se trata de sus hijos, y como casi todas las madres se vuelven con el tiempo unas malcogidas, realmente no hay manera de escapar a su veneno. ¿Irán todas para allá?. Bueno, unas ya estaban ahí desde antes.

Si hacer el amor no te parece el punto supremo del éxtasis amoroso, si no se te hace una de las razones más convincentes para permanecer en este mundo de neandhertales amaestrados, si en cada orgasmo no ves la cara de Dios muriéndose de risa entre tus piernas, entonces debo decirte, con todo respeto, que eres una malcogida. Y podrás triunfar en la vida siendo diputada del PRD, escribir libros de poesía, detener cheque, hacer auditorías, perder expedientes, traumatizar a tus hijos, o vengarte de la humanidad pero, pero vengarse no es venirse y aunque tengas muchos hombres a tu disposición, ninguno de ellos podrán llenar tu vacíos.

Así que, si por desgracia usted es una malcogida, está leyendo esto, y desea dejar de serlo, el H Club Tobías pone a su disposición sus querendones miembros, para ponerle remedio a su triste situación.

Att. Gutierritos Mayor

Las malcogidas... Primera parte

No es por nada, pero cada vez hay más y están furiosas: Es lógico, no saben lo que es abrir las piernas por convicción, ignoran lo que es recibir el amor encarnado en un miembro erecto y amoroso que se funde con la mujer y que nos transporta, nos eleva y nos conecta con el infinito y más allá.

Ya lo decía la poetisa: "Y es que todas sabemos lamer, pero pocas sabemos mamar" Amar y mamar no es lo mismo que lamer y querer. El amor es como la riqueza, está mal repartido, o tal vez sólo llega a quienes lo buscan, a quienes son capaces de apostar todas sus canicas por una causa perdida o, debiera decr, más bien, por un efecto encontrado.

Por eso, o porque la madre naturaleza guarda secretos inconfesables, el mundo está lleno de malcogidas y malcogidos. O sea, no es que no lo hagan (a veces lo hacen mucho y con quien sea), el asunto es que lo hacen mal, de hueva, como si les metieran un pinche supositorio en la cola con la cara de su novio o como fornican los changos del zoológico de Selva Mágica, sin siquiera verse a los ojos. ¿Que cómo lo se? Bueno, es cosa nada más de verles las jetas. Cuando una mujer tiene un buen orgasmo con el ser amado (o medianamente querido), cuando desquita las horas nalga de la escuela o de la oficina con horas pelvis en el motel, el coche o en la cama de tus papás, el mundo se transforma en un algodón de azúcar y la sonrisa brota como barro antes de una fiesta de quince años.

La principal característica de las malcogidas es que no saben reír. Ah, y que siempre tienen la razón, por encima de la verdad incluso. Por lo general se les encuentra detrás de una vitrina o de un escritorio, aunque también las hay en las universidades y, por supuesto, en los hogares comunes y corrientes. Casi siempre, por dolorosos azares del destino, son un eslabón importantísimo en el trámite de lo que sea y gozan cada vez que se vuelven insoportablemente imprescindibles. A las malcogidas les gusta que les ruegen. Si vas a cobrar, te detienen el cheque y lo mandan a revisión; si es la mesera, se espera a que se enfríe tu comida para llevarla a la mesa; si es la burócrata que te va a resolver un cobro desorbitado en la luz o el agua, decide que al llegar tú ante su magna pesencia terminó su turno y ya te chingaste. En el fondo creo que odian a la humanidad.

Continuará...

Recado para el Dr. Pit

Ya lo pensé y es mejor traer la guitarra desde allá, así que te la encargo. Y un estuche aunque sea chafita.

Zas....

lunes, 4 de diciembre de 2006

Nomás falta que también sea prima de robertodelacruz...

Hurgando en la papelera de reciclado se encuentran cosas insólitas...

Att. Gutierritos Mayor.

Para acabarse de criar

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos.

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos, pues los muy osados retan al bra, y a los botones de la blusa a contenerlos.

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos, pues ningún sostén tipo armadura medieval los detiene. Saltan, vibran, tiemblan; más que cualquier sismo en la escala Richter.

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos, pues se dirigen abiertamente hacia adelante, levantan el top, recogen miradas, provocan erecciones.

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos, pus invitan a los otros (hombres, mujeres también) al asomo, al acecho, a la caricia. Son el cuerpo del delito.

Hay mujeres que no saben que hacer con sus senos, los operan, modifican su tamaño.

Hay mujeres de las cuales no pensariamos que lo son, si no es por tales protuberancias.

Algunas quisieran no tenerlos.

Hay senos que no saben que hacer con la mujer.

Hay senos que no saben que hacer con la mujer adolescente, pues maduran antes que su dueña.

La mayoría de los seos pierden la inocecia mucho antes que la hendidura vaginal.

Hay senos que son realidad, otros que solo ilusión.

Hay senos que caben en una mano.

Hay manos que no alcanzan a rodearlos.

No importa el tamañao de los senos, sino lo que se sepa hacer con ellos.

Por lo regular el seno izquierdo es algo más plano que el derecho.

Hay senos que se disputan con las nalgas e título de "punto de mayor interés erótico".

Hay senos que no solo amamantan al crío, sino también al amante.

Hay quienes quiseran mamar de los senos de la mujer del prójimo.


Y hay imbéciles que ante la falta de mujer (¿estás escuchando Luisito?), se conforman con la soledad de su mano.

Por eso pequeñines, cuando haya lodo, atásquense!!!
Att: Gutierritos Mayor.

jueves, 30 de noviembre de 2006

Foto tomada en la Vía Recreativa

Después de tanta insensatez, un poco de recreación visual resulta por demás gratificante.

Att. Gutierritos Mayor.

Me cae, no hay nadie más enfermo que los pinches japoneses

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